Como ya es habitual cada dos meses, os dejo mi artículo para la
Revista PeMPi de la
Peña Madridista de Pineda de Mar. Que lo disfrutéis y espero que os guste. Un saludo
En esta ocasión me propongo hacer un ejercicio de videncia y verme a mi mismo dentro de muchos años. Me veo como un abuelo entrañable que les habla a sus nietos del fútbol de su época. De cuando él se aficionó al Real Madrid. Y sin lugar a dudas hablaré del gran icono de aquella época, de quien pasó a la historia, de Raúl.
Me imagino siendo preguntado por cómo era Raúl, de qué jugaba y qué características tenía. Me preguntarán si realmente era tan bueno. Y uno que ya no tendrá la memoria de cuando era joven empezará a responder. Empezará por su debut, al amparo de otro gran mito del madridismo, de Emilio Butragueño; su primer gol en uno de esos grandes derbis contra el Atlético; que estuvo en aquél histórico 5-0 al Barcelona ; que devolvió la Liga; que devolvió también la Copa de Europa después de tantos años esperando volver a ver las gestas de los Di Stefano y compañía que me contaba mi abuelo ; que certificó la Octava y encauzó la Novena; que dejó a nuestro Madrid en la cima del mundo en un partido en Japón, con un regate imposible.
Les contaré también que marcaba en casi todos los encuentros; que le vi jugar de delantero, media punta, medio izquierdo y de medio derecho, y que, a veces, hasta bajaba a iniciar el juego: les diré que era un todo terreno. Recordaré con nostalgia aquellos goles en el Camp Nou, como cuando le mandó callar, o aquel partido contra los ingleses del Manchester. Les hablaré de tantos goles decisivos; Y de que era el que más marcaba con la selección.
Les diré que no era el que más rápido corría, pero recordaré como corría cuando hacía falta; que no era quien mejor remataba de cabeza, pero volveré a revivir aquellos goles que metió de testarazo; que no era el que mejor regateaba, pero mi mente no dejará de recibir imágenes de aquellos regates que hizo; tampoco era el mejor tirando faltas o tirando de lejos, pero sin duda describiré más de un gol así; como hablaré de sus famosas vaselinas.
Les contaré que no era el más fuerte, pero hablaré de su fortaleza; les diré que era el más listo e inteligente y eso le bastó para llegar a lo más alto: les diré que era el mejor. Les diré que ganó un balón de plata que debió ser de oro.
Les hablaré de cómo empezó jugando con los últimos coletazos de la Quinta del Buitre, pasó por la Quinta de los Ferrari, se convirtió en el líder absoluto y acabó siendo un Galáctico. De las veces que le intentaron enterrar y volvió a renacer.
Pero sobre todo espero contarles como volvió a ser integrante de otro gran Madrid, de cómo levantó la Décima como capitán y como se retiró en el Madrid, con el aplauso unánime de todo el estadio Bernabéu y de todos los madridistas.
Y mis nietos creerán que les hablo de un mito, de alguien que hizo cosas muy importantes para el club. Pensarán que era un número uno como yo lo pienso de Di Stefano. Y es posible que estén en lo cierto y que sea un mito aunque a veces no lo veamos. Pero para eso existe el tiempo, para mezclarlo con los recuerdos importantes y formar en nuestra memoria los mitos. El tiempo y los recuerdos convertirán a Raúl en mito y le dará el reconocimiento que se ha ganado. Yo creo que será así.